Lepanto y la tensión eléctrica del pop conceptual en Daruma
- Emmanuel Bravo

- 5 jun
- 3 min de lectura
La agrupación andaluza Lepanto acaba de formalizar el lanzamiento de Daruma, su nuevo álbum de estudio, del cual se desprende "Tornado" como uno de los cortes centrales. Este trabajo consolida la alineación conformada por Manu Carmona, Ángel Peñalver y Juanrra Fernández, entregando una obra que entrelaza la herencia del pop de guitarras y la urgencia del rock contemporáneo. El disco llega tras un periodo de estructuración interna y marca un salto claro respecto a sus entregas previas de 2021.

El sonido que envuelve a esta producción rechaza la complacencia del indie genérico. La banda opta por una mezcla de new wave y melodías electrificadas que generan una fricción constante a lo largo de los tracks. La producción, a cargo de Javi Valverde en los Estudios La Viña en Jaén, logra un tratamiento donde las texturas instrumentales sirven como un lecho firme, permitiendo que la interpretación exponga sus matices sin quedar sepultada por la saturación de los amplificadores o los efectos digitales.
El eje temático del álbum parte de una experiencia geográfica concreta para aterrizar en una reflexión universal. Inspirado en un viaje a Japón, el proyecto adopta la figura del daruma —el amuleto nipón de la perseverancia— como un hilo conductor que articula todo el repertorio. Sin embargo, el grupo evita caer en la apropiación estética superficial; en su lugar, utiliza la filosofía oriental como un prisma para observar la vida cotidiana, el equilibrio personal y la constancia que exige mantener vivo un proyecto musical en la actualidad.
Esta intensidad alcanza su punto de mayor densidad en "Tornado", la pista que concentra la carga psicológica del disco. El texto se adentra en el desgaste emocional de una relación llevada al límite, relatando la ansiedad y el derrumbe interno con una franqueza incómoda. Cuando la letra confiesa la incapacidad de distinguir "la ironía del acierto", la instrumentación respalda esa confusión mediante un sonido oscuro y contenido, transformando la vulnerabilidad en un acto de fuerza visceral.
El trayecto de Lepanto desde su formación en 2020 explica la solidez de esta entrega. Tras foguearse en el circuito de festivales españoles y publicar trabajos de corta duración como El Duelo, el trío andaluz demuestra haber asimilado sus influencias de los años sesenta para reescribirlas desde el presente. No se percibe la prisa por encajar en una escena de moda, sino la paciencia de quienes han invertido el tiempo necesario para definir las dimensiones de su propio formato.
El álbum asume riesgos que validan su amplitud de miras. Al construir un mosaico que incluye cortes originales de perfil afilado como "Yakuza" y permitirse al mismo tiempo una reinterpretación de "Yo soy aquel" —el estándar de Manuel Alejandro popularizado por Raphael—, la agrupación demuestra una falta de prejuicios estéticos. Este nivel de libertad creativa confirma que la coherencia de un material de larga duración no radica en repetir una misma fórmula sonora, sino en la actitud con la que se defiende cada pista.
Publicar un álbum de esta escala en el actual ecosistema de consumo fraccionado es una declaración de resistencia. Daruma documenta el esfuerzo de una banda que ha sabido mantener el enfoque hasta alcanzar su objetivo. Al pintar finalmente el segundo ojo de su propio amuleto simbólico, Lepanto no solo cierra una etapa de formación, sino que establece un estándar de autoexigencia mucho más alto, entregando una obra que pide ser asimilada en su totalidad.
El análisis termina donde empieza tu escucha. No hay más que agregar.
¿Tu música tiene lo necesario para formar parte de nuestra rotación de TV digital? Aplica en fvbshowcase.com/open.php


